50 ANIVERSARIO Y EL CANCÚN QUE MERECE CANCÚN// Por Rafael Martínez Cristo

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Rafael Martínez Cristo

La celebración de los 50 años de Cancún no se puede limitar a una gran fiesta, en la que, desde luego, participe toda su población. No, cumplir medio siglo debe representar la consolidación de una identidad muy propia, despertar el orgullo de vivir, de ser parte del principal destino turístico de México, de la primera ciudad integralmente planeada, de la principal marca mexicana en el extranjero.

Pero sobre todo, debe provocar a sus más de un millón de habitantes ese agradecimiento al lugar que le abrió los brazos, que le brindó la posibilidad de elevar su calidad de vida, que goza de sus encantos naturales y que ha sido tierra, techo y cobijo de miles de familias procedentes de todo el país y del extranjero.

Decir “soy cancunense” nos debe llenar de orgullo y asumir la responsabilidad que tenemos todos de cuidarla y protegerla para generar un futuro próspero, que garantice bienestar a las próximas generaciones.

Cierto que jamás se va a olvidar la tierra de donde venimos, pero si eres uno de los muchos a los que Cancún ha abrazado, estos 50 años es el momento ideal para sacar el pecho y mostrar agradecimiento, saber dar las gracias a esta gran ciudad.

Y la manera de agradecer es a través de prácticas de civilidad, de buena vecindad, de compañerismo en el trabajo o en la escuela, de educación en las calles, de cumplir con el oportuno pago de predial, con la licencia vigente. Ser un ejemplo ciudadano para lograr el ejemplo de ciudad.

Nada nos cuesta saludar al vecino, al compañero de trabajo, sonreir y dejar atrás el estrés. Esa es la fórmula que buscamos todos los cancunenses para que los niños regresen a los parques, para poder caminar en las calles sin riesgos.

Ese es el regalo que cada uno de los habitantes de Cancún podemos y debemos darle a esta gran ciudad en su cumpleaños 50. Hagámoslo y pronto veremos cómo se recompone el tejido social,  cómo los malos se alejan, porque en un lugar donde se respira bondad, unión y compañerismo, la maldad no tiene cabida.

Esta celebración debe ser de todos. Felicítese usted amable lector, felicite a la gente a su paso, sonría que su ciudad, la que lo recibió y le dio forma, está de plácemes, de manteles largos. Vívala, disfrútela, siéntala que es suya.

Y claro: A festejar, a celebrar juntos, en comunión, este aniversario. Sorprendamos a la autoridad con una fiesta que supere sus expectativas, porque es una fiesta de todos, una fiesta sin colores, una fiesta de nuestra casa, que es nuestra ciudad.

Debemos recordar con especial cariño a aquellos que abrieron brecha, a aquellos que formaron esta bella ciudad que hasta hace cinco décadas era sólo selva. Claro que sí.

También reconocer y dar inicio a la entrega de las riendas, de la estafeta a los primeros cancuneneses, a los nacieron aquí y que le tienen ese especial cariño, porque es su tierra. Jóvenes muchos de ellos que llegan a la madurez y que reclaman lo que por derecho les corresponde.

Vivamos todos en la ciudad que todos queremos, que todos merecemos. Cancún está en nuestras manos y de nosotros depende su futuro.

Vamos por un mejor Cancún.