CASO TAJAMAR: ¡HAY TIRO!// Opinión de Rafael Martínez Cristo

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Rafael Martínez Cristo

Un nuevo escándalo se cierne sobre el municipio de Benito Juárez. Los empresarios que invirtieron en el Malecón Tajamar velan armas para atacar directamente a la autoridad municipal, pues no sólo exigen a la federación que les devuelva su dinero por la imposibilidad de desarrollar en la zona (dictada por un juez), sino que también demandan el reembolso del Ayuntamiento de 35.5 millones de pesos que pagaron durante años por concepto de predial.

El asunto es tan grande y complicado como la misma cifra que pretenden los empresarios que les regrese el Gobierno de Benito Juárez, sin contar los intereses que también demandan.

“Hay tiro”, dirían en los barrios.

De acuerdo a un arquitecto que asesora a inversionistas, el gobierno de Cancún estaría obligado a reembolsar ese dinero que recaudó por impuesto predial.

Sin embargo, difícilmente la autoridad municipal les dirá que “con todo gusto, pasen a la caja a recoger su cheque”. No, por el contrario, seguramente se defenderá y el asunto terminará en tribunales.

Y es que en todo este lío, el ayuntamiento buscaría lavarse las manos, ya que su actuación fue legal y legítima al cobrar el impuesto que le corresponde pagar a la gente como propietaria de los predios. Lo demás son asuntos legales con Fonatur y los ambientalistas.

Sin el más mínimo interés y sin pretender erigirme en abogado y menos en juez, el gobierno de Cancún no cayó en ningún tipo de irregularidad, pues cabe decir que a pesar de que no se permite desarrollar en esa zona, los inversionistas siguen siendo los dueños de su predio e incluso podrían ser obligados seguir pagando el predial, en tanto resuelven su situación con Fonatur.

Este Fondo vendió lotes que tentativamente serían de la más alta plusvalía y listos para desarrollar en Malecón Tajamar, por lo que ambientalistas se dieron a la tarea de denunciar la afectación en la zona y se ordenó detener cualquier tipo de obra en el lugar, hasta ahora que un juez ratificó la orden en un fallo irrevocable.

Cierto es que los inversionistas metieron ahí sus capitales con la mejor intención, confiando en lo que el Fonatur les ofreció y tampoco, de ninguna manera, es válido que sean ellos quienes salgan perdiendo, quienes paguen los platos rotos.

De hecho ni siquiera el Fonatur actuó de mala fe. Esta venta de terrenos no la hizo ni con premeditación, ni con alevosía ni con ventaja. Queremos creer que ofreció predios de su propiedad y actuó como históricamente lo ha hecho en Cancún.

El caso de Tajamar es complejo y tardará en que una autoridad emita una resolución.

Los tiempos han cambiado y ahora hay ojos permanentes para cuidar y vigilar el respeto al medio ambiente, lo que no se hizo durante años en Cancún.