Rafael Martínez Cristo

No puede ser de otra manera: O el PRI se pone las pilas ya, recogiendo y abanderando las causas sociales y, sobre todo, asumiendo su papel de partido opositor, con crítica propositiva bien fundamentada, o pronto recibirá la última pala de tierra en su sepulcro.

El aspirante más fuerte a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, lo sabe y está convencido del reto que habrá de asumir si logra su consumar su legítima aspiración.

“El priista deberá salir a las calles a dialogar de frente con la ciudadanía para escuchar sus reclamos y abanderar sus causas. No podemos seguir siendo políticos de escritorio, al grado que ni los candidatos plurinominales podrán mecerse en su hamaca. Se acabó, todos tienen que salir a convencer con propuestas reales de solución”, señala.

El ahora ex gobernador de Campeche toma al toro por los cuernos, reconoce errores cometidos en un pasado reciente, y asegura tener las propuestas para rescatar a este partido que para muchos hoy luce mal, muy enfermo.

Sin embargo “Alito” lo niega. Y recuerda que el PRI está muy lejos de estar perdido o desahuciado. El partido, señala, es el que más gubernaturas tiene, el que más presidencias municipales tiene, es la fuerza política que más mexicanos gobierna.

Y no sólo eso, el Revolucionario Institucional sigue siendo el partido con el mayor talento político, el que cuenta -de hecho- con los militantes que conocen a la perfección las necesidades de la gente por regiones e incluso son dueños de la mayor y mejor movilización de estructura a la hora de las elecciones. Son mañosos y tramposos, eso también, sin duda.

Pero lo que el aspirante a la dirigencia priista no puede, no debe es minimizar la dolorosa derrota de julio de 2018. “El PRI perdió como cualquier otro partido en el mundo ha perdido”, trata de justificar.

Sin embargo, los priistas no pueden pensar así, pues minimizar lo ocurrido lo llevará a más descalabros. No, deben asumir y dimensionar la grave derrota del otrora partidazo, jalar las riendas y recomponer. El PRI no está para chiqueos, no, el PRI debe dar un duro golpe de mesa, un cambio de timón, una recomposición que lo lleve a crear los mecanismos de convencimiento de nuevas generaciones, de nuevas formas, de más creatividad y trabajo.

Por eso es que Moreno Cárdenas se propone dar más espacios a la gente que desde siempre ha hecho la talacha y que nunca ha sido tomada en cuenta. A la mujer que tantos triunfos le ha dado. A los jóvenes que hoy son mayoría y que rápidamente (quizá como nunca antes) imponen sus criterios.

Dice estar en contra del cambio de nombre, de siglas y de escudo. Y claro que tiene razón. El PRI es un partido ejemplo a nivel mundial, con principios y valores bien fundamentados, bien planeados. Lo malo, claro está, han sido los propios priistas, los que han gobernado, lo mismo en la Presidencia que en las gubernaturas, y que han traicionado a su propia fuerza política.

Es ahí, justo ahí, en donde “Alito” tendrá que realizar una operación quirúrgica, casi perfecta, para escoger candidatos serios, con calidad moral y honorabilidad.

Y sí los hay.