Rafael Martínez Cristo

No es una amenaza ni una advertencia, ni siquiera raya en la admonición. Lo dicho por Fonatur es un ultimátum: “Detienen o modifican las obras de los hoteles Grand Island y Riu Rivera o Fonatur se retira de Cancún”.

Así de tajante.

¿Por qué cuesta tanto trabajo entender que no, es no? ¿Por qué se aferran a proyectos que no son factibles, que ponen en riesgo la viabilidad de Cancún y el poder habitar una ciudad de por sí sobreexplotada, saqueada, insegura?

Aquí ya no es cuestión de legalidad. Ya no entra en el ámbito del estado de Derecho ni en la decisión de jueces y magistrados -muchas veces errada o sesgada-. Ya no. Se trata de la vida misma de esta ciudad que se ve seriamente amenazada justo a sus 50 años.

Fonatur es el padre, el creador de esta ciudad integralmente planeada, y es justamente el que marca un alto: “Las plantas de tratamiento de agua son de Fonatur, las mantiene Fonatur y Fonatur ya no tiene capacidad de brindar el servicio a obras tan ostentosas”.

Así de claro.

El hecho es que el Fondo Nacional de Fomento al Turismo ha advertido una y otra vez que la zona estaría sobre densificada, en caso de concluir la obra como está proyectada, y que la dotación de servicios para estos proyectos colapsaría a la ciudad.

Por ello es que el director jurídico de Fonatur, Alejandro Varela no se vino con rodeos: “El Fondo no va a imponer su criterio, simplemente se retira y a ver cómo le hacen con el mantenimiento de la zona hotelera”.

Hace cerca de 23 años, el entonces gobernador Mario Villanueva se pronunció y gestionó el retiro del Fonatur de Cancún, a fin de que los recursos otorgados al Fondo se los adjudicaran al Gobierno Municipal de Benito Juárez. Sin embargo, es evidente que los tiempos han cambiado, y en lo personal, dudo mucho que la administración de la 4T acepte enviar ese presupuesto al ayuntamiento local.

Cancún estaría en jaque-mate si se aferran a la realización de ambos proyectos. Por un lado se pondría en riesgo la dotación de servicios, pues la capacidad instalada sería rebasada, y por el otro, Fonatur se retiraría dejando al garete al corazón turístico del Estado y su mantenimiento, dejando a la ciudad en el desahucio.

Entre ambos hoteles se tiene contemplada la construcción de más de 3 mil 530 cuartos, además de un centro de convenciones llamado “World Trade Center”, capaz de albergar a 7 mil personas. Las autorizaciones de estos proyectos emanan de la alteración al PDU, con sus correspondientes cambios de uso de suelo y demás parámetros urbanos.

La propuesta de las autoridades actuales de Fonatur es que regrese a las cifras establecidas en el Plan de Desarrollo Urbano, pero lamentablemente se han topado con pared. Los desarrolladores de hoteles están decididos a continuar con su proyecto, valiéndoles un bledo el daño que pueden ocasionar a la ciudad y a su gente.

De ese grado es la rapiña de estos empresarios, casi todos -sino es que todos- de origen español.

Lo único rescatable de este hecho, que pudiera colapsar a la ciudad, es que hoy existe gente consciente en el Fonatur, que debe ser tomada en cuenta, pues desde que dio inicio el proyecto Cancún, el Fondo había sido encabezado por funcionarios voraces, sin escrúpulos.

Y por eso Cancún creció con múltiples descuidos, con excesos que hoy padecemos.

Es hora de poner un alto al crecimiento desmedido de esta ciudad y de su destino turístico. No más hoteles y no más vivienda.

Aquí ya no cabe más gente.