Por Rafael Martínez

De todos es sabido que México es un país en el que resulta una osadía esforzarse por hacer las cosas bien, en donde buscar un cambio es un insulto para aquellos que mantienen cimentados sus intereses en vicios enquistados, caciques que no dan margen a la evolución y que operan de manera perversa con tal de mantener lo que erróneamente consideran propio.

El municipio de Solidaridad es un claro ejemplo del complejo cambio que hoy ocurre a nivel nacional, con la llamada Cuarta Transformación, impulsada por una sociedad que se impuso, harta de una historia que parecía no tener final, y que confía en el compromiso firme de terminar con tanta desigualdad, con tanto abuso…

Laura Beristain acompañó al gobernador Carlos Joaquín en el 45 Aniversario de Q. Roo

En eso está fincado el compromiso del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador y la palabra de luchadores sociales como Laura Beristain -uno de los cuadros de concepción morenista más puro en el estado-, quien hoy le hace frente a aquellos que ven al municipio como una parcela propia, como un botín para el usufructo de unos cuantos.

Laura no sólo ha sabido capotear, con un altísimo grado de resiliencia, a aquellos que piensan que con sus bufidos la van a amedrentar, sino que además no ha dudado en dar un paso adelante para imponer las nuevas reglas en el municipio, para entrarle de lleno a la Cuarta Transformación, a ese cambio que eligió la mayoría de la ciudadanía, con la que lucha hombro a hombro todos los días.

Vaya que ha sido complejo encabezar un gobierno, siendo parte del primer eslabón, de la primera generación del proyecto de nación enarbolado por López Obrador, de una promesa de transformación que apenas empieza a germinar, pero que ya demanda la fuerza, la dureza de un roble, y a la vez la flexibilidad del bambú, para seguir adelante con el reto, con la meta trazada.

Y es que dirigir cambios, cualquiera que estos sean, no es tarea fácil, no se trata de simples buenas intenciones, sino de darles y ponerlas en marcha, moldear una sociedad ávida de esta evolución, sí, pero con costumbres muy arraigadas, que paulatinamente tendrá que modificar para entonces poder apreciar los beneficios de esta transformación.

Para lograrlo se necesita tiempo, talento y mucha perseverancia: Beristain, igual que López Obrador, ha tenido que resistir los embates de gente perversa. La alcaldesa los vivió desde el primer minuto tras rendir protesta y los ha soportado hasta ahora, hasta este momento, de manera permanente. Lo sabe, lo siente y lo aguanta firme sin daño ni alteración, con una resiliencia tal, que si bien cada noche denota cansancio y abatimiento…

…Al día siguiente tan nueva y tan dispuesta para seguir dando la batalla por Solidaridad y por su gente.

Sus círculos más cercanos aseguran que temprano, desde primera hora, Beristain se sacude las calumnias de una prensa quintanarroense que, en su mayoría, se resiste al cambio, sin importar que la sociedad le ha dado la espalda, tildándola sabiamente de “prensa vendida”.

Incluso dentro de su gobierno y hasta en el Cabildo, con rabiosas incrustaciones impuestas para hacerla flaquear, la alcaldesa ha tenido que sortear momentos duros, difíciles para seguir remando hacia adelante.

Y así, fuerte y sonriente, la presidenta municipal de Solidaridad se paró frente a su gente, en el que -para muchos- fue el mejor y más completo informe anual de gobierno.

Y así, fuerte y sonriente, Laura Beristain da la cara a tirios y troyanos, sin flaquear ni un ápice y segura, muy convencida de lo que ella y la gente quiere para su municipio: Un mejor tejido social, más y mejor empleo, deporte, cultura, atención a los jóvenes, a los ancianos, a mujeres y a niños…

Y así, fuerte y sonriente, la alcaldesa continuará trabajando de manera incansable hasta el último día de su gestión, hasta lograr objetivos claros, bien marcados, que hagan sentir que en Solidaridad las cosas han cambiado, que la transformación ha llegado y que los cacicazgos se han acabado…