LEY DE ALCOHOLES: A GRANDES MALES, GRANDES REMEDIOS// Opinión de Rafael Martínez Cristo

0
800

 

Por Rafael Martínez Cristo

La nueva realidad de Quintana Roo exige también nuevas reglas para recuperar la vida pacífica y en armonía de sus habitantes. Es por demás evidente que el estado ya no es el mismo que hace apenas unos años y es momento de tomar medidas emergentes que favorezcan a la mayoría de sus habitantes.

La inseguridad y la violencia son males que no se pueden esconder y por ello resulta impostergable tomar decisiones tendientes a poner orden, a inhibir, en la medida de lo posible, tanto daño que han generado.

Es así que el Congreso del Estado tomó la determinación de adecuar leyes, pues resulta indispensable crear una legislación que termine con la “fiesta” en que ha permanecido siempre la venta de alcohol en todo estado, imponiendo horarios y sobre todo haciendo que la ley se respete.

Y desde luego que los dueños de restaurantes, bares y discotecas respingan porque aseguran que sus ganancias pudieran verse mermadas, argumentando además que esta es una entidad con vocación turística y resultaría contraproducente negarles la venta de bebidas alcohólicas.

Sin embargo, habrá que recordar que también son ellos, los dueños de estos comercios, los primeros en demandar mayor seguridad ante la ola delictiva que se ha desatado en distintos puntos del estado, en especial en los municipios turísticos como Benito Juárez y Solidaridad, por lo cual, su postura resulta contradictoria.

Además es preciso aclarar que la venta restringida de alcohol no se contrapone con el turismo, por el contrario, Cancún y Playa del Carmen bien pueden ser promocionados como destinos turísticos socialmente responsables.

De hecho, no es noticia que gran parte del éxito de los centros turísticos en cualquier parte del mundo se basa precisamente en su imagen y en su seguridad, y la decisión de restringir los horarios para la venta de bebidas etílicas obedece a la necesidad de disminuir los hechos delictivos que se suscitan a diario en ambas ciudades.

En este sentido es preciso señalar que el 70 por ciento de las llamadas al 911 para reportar hechos constitutivos de delito como violencia intrafamiliar o delitos del fuero común, tienen relación con el consumo de alcohol.

Resulta por demás incongruente el hecho de que en ciudades como Cancún se instrumenta -desde hace años- el programa de alcoholimetría y al mismo tiempo se permite la venta indiscriminada de bebidas.

Cancún y otras ciudades presentan ya problemas de grandes metrópolis que requieren medias emergentes, a fin de lograr un tejido social más armónico.

Dicho en otras palabras: Para grandes males, grandes remedios.